Cuando llegué a 5º de carrera, estudié una asignatura llamada Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas, con el Prof. Niño. No es un profesor que cayera muy bien pero sabía de lo que hablaba y sus clases resultaron ser muy, muy interesantes. No es novedad que nos hablara del fenómeno de la Globalización, ése que tod@s creemos entender pero no acertamos a comprender ni la mitad (o nadie me sabe explicar nada más que lo superficial, vaya). Pero fue en esa asignatura cuando alcancé un poquito más allá de la corteza de dicho fenómeno.
Una brevísima síntesis. La realidad es que nuestro sistema internacional es muy complejo y se mantiene en un delicadísimo equilibrio que puede hacer saltar todo y a tod@s por los aires en cualquier momento. Sabemos, más o menos, el papel que un gobernante tiene en su país o, incluso, dentro de su esfera de influencia. Pero, como reza el jingle, dentro de este lugar llamado mundo, los gobernantes deben moverse entre otros gobernantes, alinearse con sus aliados y enfrentarse a sus enemigos, sean estos los que sea, esperando sacar beneficios de ello para su país, pero contando con que puede traer otro tipo de consecuencias.
Un ejemplo. La España de Aznar fue a la guerra porque se alineó junto a EE.UU. y creía el presidente que iba a sacar réditos de aquello. Obviamente, se equivocaba. No sólo por la derrota electoral, resultado de tomar una decisión que no gustó a aquéllos a quienes gobernaba, sino por los atentados y, desde entonces, continua amenaza de los grupos terroristas yihadistas. Ese papel también es el de un gobernante.
Y todo esto, ¿a santo de qué? Por si no lo sabés, el próximo noviembre se celebran elecciones en EE.UU. El demócrata Barack Obama, actual Presidente, se presenta a la re-elección, frente al republicano Mitt Romney. Y hablo de esto porque debería interesarnos a todo el planeta. Estamos de acuerdo en que EE.UU. no es la super-potencia única que dirigía el mundo, tras la caída del Muro, allá en 1989 y durante toda la década de los 90. Ahora debe tener en cuenta a otros "agentes". Cuenta con las casi irrompibles alianzas con Gran Bretaña e Israel y, casi siemprre, con el apoyo occidental europeo y de Japón. Pero China está emergiendo como un coloso y Rusia, si bien es cierto que no alcanza el poder de su época comunista, no es tampoco un país que haya que dejar de vigilar. Estos cuentan con las simpatías de todos los estados islamistas del Medio Oriente. Como veis, un cierto equilibrio que mantiene al mundo "en paz".
Como decía, hay elecciones presidenciales en EE.UU. De Barack Obama ya sabemos más o menos lo que esperar: una política internacional comedida, más basada en el fortalecimiento y el castigo económicos que en el uso de acciones intimidatorias. Declaró el final de la guerra de Irak y ya planifica la salida de sus soldados de Afganistán. Además, su papel es clave para "sujetar" los impulsos bélicos israelíes en una zona que ya está suficientemente tensionada. Dice que no dudaría en usar la fuerza si sus intereses se ven amenazados (cosa que no hay que dudar, por muy demócrata que sea) pero lo prefiere como último recurso (véase el caso de la circulación de petróleo por el estrecho iraní de Ormuz). La cuestión es: ¿Y Romney?
Pues Mitt Romeny es un republicano de toda la vida, de esos que piensan que las mujeres deben cuidar la casa y a su familia, de los que le gustan las armas y el hecho de que las pueda tener todo el mundo y de que los ricos mantengan su status quo dentro de la sociedad porque, según su manera de pensar, los ricos lo son porque se lo merecen y los pobres lo son porque no han hecho nada para merecer ser ricos. Partiendo de esa base, os diré que no es Mitt Romney quien más miedito me da, sino su candidato a vicepresidente Paul Ryan.
Pero seamos conscientes de que lo que se elija en noviembre repercutirá en el mundo entero, incluyéndonos a nosotros. Los republicanos hablan de "un liderazgo internacional perdido" y añoran los tiempos en que George W. Bush llevaba a cabo sus cruzadas vengadoras. Muchas voces resultaron ser críticas con el gasto que supone, pero allí estaba Condoleeza Rice para decir que EE.UU. no podía renunciar a ese liderazgo, porque si no, podría venir otro cuyos valores no fueran los mismos que los suyos.
Un último dato. El programa republicano reza así: "Somos el partido de la paz a través de la fuerza". Si necesitais saber más, podéis leer algo aquí.
Con estas cosas me pregunto si en las elecciones de ciertos países, no deberíamos poder decir algo el resto del mundo.
