jueves, 30 de agosto de 2012

Un poco de miedito

Cuando llegué a 5º de carrera, estudié una asignatura llamada Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas, con el Prof. Niño. No es un profesor que cayera muy bien pero sabía de lo que hablaba y sus clases resultaron ser muy, muy interesantes. No es novedad que nos hablara del fenómeno de la Globalización, ése que tod@s creemos entender pero no acertamos a comprender ni la mitad (o nadie me sabe explicar nada más que lo superficial, vaya). Pero fue en esa asignatura cuando alcancé un poquito más allá de la corteza de dicho fenómeno.

Una brevísima síntesis. La realidad es que nuestro sistema internacional es muy complejo y se mantiene en un delicadísimo equilibrio que puede hacer saltar todo y a tod@s por los aires en cualquier momento. Sabemos, más o menos, el papel que un gobernante tiene en su país o, incluso, dentro de su esfera de influencia. Pero, como reza el jingle, dentro de este lugar llamado mundo, los gobernantes deben moverse entre otros gobernantes, alinearse con sus aliados y enfrentarse a sus enemigos, sean estos los que sea, esperando sacar beneficios de ello para su país, pero contando con que puede traer otro tipo de consecuencias.

Un ejemplo. La España de Aznar fue a la guerra porque se alineó junto a EE.UU. y creía el presidente que iba a sacar réditos de aquello. Obviamente, se equivocaba. No sólo por la derrota electoral, resultado de tomar una decisión que no gustó a aquéllos a quienes gobernaba, sino por los atentados y, desde entonces, continua amenaza de los grupos terroristas yihadistas. Ese papel también es el de un gobernante.

Y todo esto, ¿a santo de qué? Por si no lo sabés, el próximo noviembre se celebran elecciones en EE.UU. El demócrata Barack Obama, actual Presidente, se presenta a la re-elección, frente al republicano Mitt Romney. Y hablo de esto porque debería interesarnos a todo el planeta. Estamos de acuerdo en que EE.UU. no es la super-potencia única que dirigía el mundo, tras la caída del Muro, allá en 1989 y durante toda la década de los 90. Ahora debe tener en cuenta a otros "agentes". Cuenta con las casi irrompibles alianzas con Gran Bretaña e Israel y, casi siemprre, con el apoyo occidental europeo y de Japón. Pero China está emergiendo como un coloso y Rusia, si bien es cierto que no alcanza el poder de su época comunista, no es tampoco un país que haya que dejar de vigilar. Estos cuentan con las simpatías de todos los estados islamistas del Medio Oriente. Como veis, un cierto equilibrio que mantiene al mundo "en paz".

Como decía, hay elecciones presidenciales en EE.UU. De Barack Obama ya sabemos más o menos lo que esperar: una política internacional comedida, más basada en el fortalecimiento y el castigo económicos que en el uso de acciones intimidatorias. Declaró el final de la guerra de Irak y ya planifica la salida de sus soldados de Afganistán. Además, su papel es clave para "sujetar" los impulsos bélicos israelíes en una zona que ya está suficientemente tensionada. Dice que no dudaría en usar la fuerza si sus intereses se ven amenazados (cosa que no hay que dudar, por muy demócrata que sea) pero lo prefiere como último recurso (véase el caso de la circulación de petróleo por el estrecho iraní de Ormuz). La cuestión es: ¿Y Romney?

Pues Mitt Romeny es un republicano de toda la vida, de esos que piensan que las mujeres deben cuidar la casa y a su familia, de los que le gustan las armas y el hecho de que las pueda tener todo el mundo y de que los ricos mantengan su status quo dentro de la sociedad porque, según su manera de pensar, los ricos lo son porque se lo merecen y los pobres lo son porque no han hecho nada para merecer ser ricos. Partiendo de esa base, os diré que no es Mitt Romney quien más miedito me da, sino su candidato a vicepresidente Paul Ryan.

Este Paul Ryan es un político con mucha carrera en Washington a pesar de su juventud y pertenece al ala más dura del Tea Party (por decirlo de algún modo, la derecha más extrema de EE.UU.). Este señor afirmó en su día, y reiteró anoche en la convención republicana, que creía firmemente que "nuestros Derechos provienen de Dios, no de los gobiernos". Paul Ryan es el Presidente de la Comisión de Presupuestos del Congreso estadounidense y es un vivo defensor de eliminar todo tipo de seguridad social y ayuda a los más desfavorecidos, además de una reducción notable de impuestos a los ricos basándose en las ideas que antes mencioné. Si sus políticas sólo afectasen a los ciudadanos de EE.UU. me limitaría a decir "ustedes mismos".

Pero seamos conscientes de que lo que se elija en noviembre repercutirá en el mundo entero, incluyéndonos a nosotros. Los republicanos hablan de "un liderazgo internacional perdido" y añoran los tiempos en que George W. Bush llevaba a cabo sus cruzadas vengadoras. Muchas voces resultaron ser críticas con el gasto que supone, pero allí estaba Condoleeza Rice para decir que EE.UU. no podía renunciar a ese liderazgo, porque si no, podría venir otro cuyos valores no fueran los mismos que los suyos.

Un último dato. El programa republicano reza así: "Somos el partido de la paz a través de la fuerza". Si necesitais saber más, podéis leer algo aquí.

Con estas cosas me pregunto si en las elecciones de ciertos países, no deberíamos poder decir algo el resto del mundo.

domingo, 26 de agosto de 2012

La peor parte

Sigo con interés desde hace varias semanas el conflicto de Siria, una guerra civil en toda regla. Es curioso pensar que, en pleno siglo XXI, debamos seguir resolviendo nuestras diferencias con violencia. Como historiador que soy, sé que siempre ha sido así, que es inherente a la condición humana y que, pasen veintiuno o cuarenta siglos, mientras el hombre sea hombre, seguirá siendo así. Cambiarán las formas, las armas, las tácticas. Pero no cambiará la naturaleza humana. No en vano, no hace ni 70 años fuimos protagonistas (obviamente yo no, pero hablo como parte del género humano que me considero) de la peor guerra jamás vivida. La Segunda Guerra Mundial sesgó, haciendo una media entre los diferentes estudios, la vida de más 50 millones de personas, la mitad de ellos civiles. Cualquier persona de a pie diría que tal masacre debería servirnos aun hoy de lección. La realidad nos demuestra que el hombre jamás aprenderá esa lección.

Pero, si dejamos a un lado las frías cifras, mi cerebro empieza a funcionar como el ser humano que soy y veo que una guerra no sólo es el número de muertos. No sabemos nada de las familias, de las secuelas psicológicas, de los prisioneros y el trato que reciben, de la gente que queda inválida, de quien ve destruido todo aquello a lo que ha dedicado toda su vida. No sabemos nada. ¿O no lo queremos saber? En mi último año de carrera, hice un trabajo sobre la mentalidad occidental acerca de la eutanasia y me sorprendió descubrir una realidad de la que, por inmersión cultural, no era muy consciente (lo típico de "los árboles no te dejan ver el bosque). Nos alejamos de la muerte y todo aquello que nos recuerde a ella. ¿No es eso alejarnos un poco de nuestra humanidad? Pero no es éste el pensamiento que hoy quería imprimir aquí.

Hablaba de todo aquello que no conocemos, sin entrar en las razones de tal desconocimiento, y del conflicto de Siria. Y leyendo me encuentro con unas declaraciones del Director Ejecutivo de UNICEF. Os las transcribo literales para que podáis pensar sobre ellas sin intermediarios:
"Aprovechando que los ojos del mundo se fijan en la escalada de violencia que afecta a Siria, no debemos pasar por alto el hecho de que los niños, a pesar de no ser responsables de esta tragedia, están pagando un precio terrible" (Anthony Lake, Director Ejecutivo de UNICEF).
¿Qué pasa con todos esos niños y niñas que, teniendo toda la vida por delante y sin las herramientas que los adultos ya hemos adquirido, ven su vida ya destruida? Ell@s son el futuro y nosotros, pensando que la violencia es la única manera de arreglar nuestros asuntos, estamos arruinando la suya. No somos capaces ni de hacer caso al imperativo biológico que nos hace proteger a las generaciones venideras. Dice ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) que ya hay más de 130.000 refugiados por el conflicto de Siria y que, la mitad, son niños, niñas y adolescentes. A mí, personalmente, se me eriza el pelo de pensar qué les hemos hecho.

Por supuesto no sólo esto ocurre en Siria. Digamos que éste es el conflicto más mediático, pero podríamos hablar del conflicto de Sudán, de las guerras inter-tribales africanas, de la esquilmación de la Amazonía o de cómo las ONG's en España se quedan sin recursos por unas Administraciones irresponsables, como Nuevo Futuro (el ejemplo, en Valencia; leer noticia aquí). Afortunadamente, yo no he vivido cosas así. He vivido en paz, con comida diaria y no he visto ningún tanque de cerca, salvo en los desfiles del Ejército. ¿Qué se siente cuando te ves abocado a vivir lejos de tu país, de tu barrio, de tus amigos? ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando tus seres queridos fallecen por algo que ni aciertas a comprender y que, probablemente, jamás comprenderás? ¿Llega a consolarte que te den un lote de comida y una manta? ¿Qué ocurre cuando te despiertas de una pesadilla y ves que estás viviendo otra? ¿No sería mejor haberlo evitado?

¿Qué mundo les estamos dejando? ¿Cómo se los estamos dejando al mundo?

viernes, 24 de agosto de 2012

Ni un pez por la borda

Hace no muchos días me encontraba yo zapeando. Es una actividad a la que no estoy muy acostumbrado porque ver la tele (que no sea de pago) en España es un infierno donde, si tienes suerte, ves un poco de programa (casi siempre malo) entre los interminables anuncios. Yo cambiaba los canales esperando terminar, como casi siempre, en MTV (que sus programas no son muy culturales que digamos, pero entretienen un montón). Sin embargo me paré en La2 donde me encontré con el programa Biodiario, de Luis Miguel Domínguez, programa que recomiendo encarecidamente. Para los que sois como yo, que ya ve más cosas a través de la Red que por la televisión, podéis ver sus vídeos aquí.

Pues en ese programa se hablaba de la iniciativa "Ni un pez por la borda". Esta iniciativa fue comenzada en Reino Unido y ahora se ha extendido a toda Europa, porque todos, de una forma u otra, sufrimos este problema. Y en España especialmente, pues nuestra flota pesquera es una cuarta parte de la flota total comunitaria.

 ¿En qué consiste? Haciendo un pequeño resumen: cada año se devuelven al mar más un millón de toneladas de peces muertos. ¿Por qué? Existen varias razones.

La primera es la legislación de cupos de la UE, que marca unos cupos por barco, país y especie. Si se sobrepasan, se sanciona con una multa. Para evitarla, todo aquello que se pesca "de más" es devuelto al mar muertos o moribundos. Entiendo que el objetivo primero de esta legislación es proteger el mar pero ese pescado es susceptible de ser consumido o, en el peor de los casos, congelado y insertados en el mercado. Muerto en el mar no sirve para nada. Es opinión común entre los pescadores que, ya que está fuera del mar y muerto, es mejor traerlo a tierra. Me llamó mucho la atención la frase de uno de los pescadores que aparecen en el programa y que dice: "Cuánta gente no tiene para comer y cuánto pescado se tira". Interesante reflexión que debería hacernos pensar a tod@s.

Existe otra realidad: la moda. La pesca no selectiva obliga a deshacerse de las especies "no objetivo" o "no comerciales". Hemos olvidado lo de los pescados de temporada y propios de cada lugar. Tenemos lo que queremos cuando queremos sin pensar en el perjuicio que causamos. Algunos pescados se venden mejor que otros porque éstos han sido degradados. Estas especies son devueltas al mar, muertas o con muy pocas posibilidades de sobrevivir.

No debemos tener tapujos (o yo al menos no los tengo) en afirmar que nuestros hábitos de consumo (en este y otros sectores) se ha vuelto inmoral y ponen en entredicho la "superioridad moral occidental" de  la que nos hemos apropiado. Es desolador ver lo que estamos haciendo, en este caso, con el mar. Las imágenes de cientos de ejemplares muertos que regresan al mar por evitar multas y pensar que eso ocurre cada día, me hiela la sangre y, sí, me hace sentir culpable.

La realidad es que estamos comprometiendo muy seriamente las reservas de pescado en los mares y océanos, todo porque preferimos seguir las modas y ganar más dinero que pensar en el todo. Especies enteras están al límite y sus bancos disminuyen de forma exponencial. ¿Qué riqueza tendremos cuando no podamos seguir pescando? ¿Por qué no seguimos hábitos que permitan la sostenibilidad de estos bancos de peces que cada año son más reacios a volver a las costas por sufrir aunténticas esquilmaciones? ¿Qué nos está pasando para que nos juguemos así el futuro de las generaciones venideras? Esto es lo que pretende cambiar esta iniciativa: una apuesta por la pesca sostenible y por las técnicas selectivas (incluyendo las sanciones o prohibición de las pescas de arrastre que pescan sin criterio) y por el consumo responsable que nos permita disfrutar del buen pescado permitiendo, a la vez, que los caladeros se repongan y que los que vienen detrás de nosotros puedan seguir haciéndolo también.

Si queréis más información podéis meteros en la web de la iniciativa Ni un pez por la borda o seguirles en su twitterfacebook. Se necesitan 1.000.000 de firmas vía web para enviarlas a las autoridades europeas con el fin de que revisen sus políticas y reglamentaciones. Es una iniciativa europea y lleva más de 800.000 firmas ya recogidas. La firma te lleva tres minutos si eres muy torpe. ¡Aporta tu granito de arena! Firma y compártelo con tus contactos por todas las redes sociales o correos electrónicos.

Y ahora os pido una última cosa. Echadle un ojo a los tres programas que dedicó Biodiario a esta inciativa. Verlo es mejor que leerlo y se aprende mejor. Seguro que así os entra un pequeño impulso por ayudar.

martes, 21 de agosto de 2012

El cuarto poder

Hace unos días discutía con mi hermano y mi padre, algo normal y edificante al tiempo, sucesos de esta actualidad que nos aturulla cada día con noticias aún peores que las del día anterior. Dicha discusión fue derivando hacia los propios medios de comunicación de este país. Jamás he escondido mi aversión por ellos. No en vano, ya escribí sobre ello en el blog Se me hace bola (bastante menos serio, ahora parado pero con algún proyectillo para mantenerlo vivo). Hoy, más que nunca, me reivindico en lo que escribí.

Me reafirmo en que los medios de comunicación de este país son megáfonos de lo que los partidos políticos quieren contarnos, sean del color que sean. Buena cuenta de ello son los despidos masivos en RTVE a raíz del cambio de gobierno. Ya publiqué mi gusto por el periodismo de Ana Pastor (o Jordi Évole, por poner otro ejemplo) en el que su labor es preguntar por todo aquello que pueda interesar a la opinión pública (es decir, a nosotr@s) sin mirar a quién tiene delante o a quién tiene que contentar. Es decir, ejerciendo su labor de cuarto poder: la información.

El cuarto poder nació para controlar a los otros tres (legislativo, ejecutivo y judicial), para que el pueblo supiéramos qué tejemanejes se traían entre sí, para que nadie estuviera a salvo de la responsabilidad de sus acciones, ni siquiera los poderosos. La información es poder, claro que sí. Pero aquí está comprada por los distintos partidos políticos. No hay información sino propaganda.

¿Y esto a qué viene? Hoy he leído la noticia de que ha muerto una periodista japonesa, Mika Yamamoto, mientras ejercía su profesión en el conflicto de Siria. Es el cuarto periodista que muere durante el conflicto,. Hoy he querido homenajear a todos aquellos profesionales que ejercen su trabajo de forma ética, cuyo objetivo es informar le pese a quien le pese. Hoy, en especial, a los reporteros de guerra, que se juegan sus pellejos por hacer que "el mundo libre" sepamos qué ocurre, podamos pensar, reflexionar y emitir opiniones. Espero que los que estén allí puedan regresar a sus casas más pronto que tarde para poder disfrutar de sus familias y amigos, una escasa pero gratificante recompensa por su valentía.

El mundo necesita más periodistas valientes. El mundo necesita, necesitamos, más corresponsales de guerra que no sirven ni a uno ni a otro bando, que se juegan cada aliento por contarnos y enseñarnos (no quiero olvidarme de los fotógrafos, cámaras y técnicos) lo que ven, lo que escuchan y lo que pasa, ni más ni menos, que no adornan la realidad para asegurar su puesto de trabajo sino que cumplen la función pública que eligieron cumplir. Sí, los periodistas y medios de comunicación cumplen una función pública y ellos eligieron cumplirla, nadie les obligó (exactamente igual que a un político nadie le obliga a presentarse a unas elecciones o a un juez presentarse a la oposición). En este país, los intereses empresariales y políticos son muchísimo más fuertes que la función pública que puedan ejercer. Necesitamos periodistas más valientes, corresponsales de guerra que hagan su labor pero aquí, en nuestro país, entre políticos, jueces, empresarios y sindatos. Por eso admiro a Ana Pastor y a los que, como ella, ejercen su profesión de informarnos.

Una breve reflexión acerca de esto. ¿No es revelador que Ana Pastor haya destacado en el panorama nacional por ejercer su trabajo? ¿No pasaría lo mismo si un político decidiera ser honesto y transparente? ¿No nos dice eso suficiente? ¿No se nos debería caer la cara de vergüenza porque su despido haya sido causa de escándalo en todo el mundo occidental, apareciendo en prestigiosos periódicos europeos y norteamericanos, y aquí nos haya parecido lo más normal del mundo? Ahí dejo esas preguntas por si queréis contestarlas.

No nos engañemos ni dejemos que nos engañen, la información es un derecho que tenemos. Exijámoslo.

jueves, 16 de agosto de 2012

Símbolos mal entendidos

La RAE, en su diccionario online, define símbolo como:
"1. m. Representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada."
Es decir, es algo que, al verlo, todo el mundo reconocemos como identificación de algo concreto. Así, la cruz verde es la farmacia, el triángulo invertido es un Ceda el paso o las rayas blancas en la carretera son un paso de cebra.

Hoy, mientras leía la prensa, me he encontrado con esta foto. Está dentro de la edición digital del diario El País, en una noticia que habla de las marchas que los miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores, encabezados por al ya conocido mundialmente Sánchez Gordillo, hacen a modo de protesta por los recortes del Gobierno y la falta de un plan general de empleo en el campo.


No voy a hablar de la noticia en sí. Desde luego prefiero esta forma de protesta a que entren a desvalijar supermercados. Es menos mediática pero menos dañina. En cualquier caso, no es esto lo que me ha llamado la atención sino que, entre estas buenas gentes, a modo de protesta veo que se porta una bandera de Cuba. Repito: cada uno protesta como quiere, pero me pregunto si realmente sabemos protestar.

Hace ya varias semanas, asistía yo a una marcha-protesta en Madrid que nacía frente a la sede del PP en la calle Génova y se desplazaba hasta la sede del PSOE en la calle Ferraz (que no nos dejaron verla ni de lejos), para acabar frente al Congreso de los Diputados (bueno, más bien frente a la bocacalle que da al Congreso). Me sorprendió notablemente ver cómo una chica protestaba con la bandera republicana.

En ambos casos digo, alto y claro: señoras y señores, no lo entiendo. Resulta que para protestar contra los recortes, ¿estamos pidiendo la República? Para pedir un plan general de empleo en el campo, ¿pedimos establecer un régimen como el cubano? No lo entiendo.

Generalmente escribo líneas que ponen de manifiesto las vergüenzas de nuestro sistema político y de quienes viven de él. Pero es que nosotros, la población, tampoco ayudamos con estas cosas. Dudo mucho que ese hombre quiera vivir bajo un régimen como el cubano. Dudo mucho que la chica que llevaba la bandera republicana sea consciente de que cambiar un "Rey" por un "Presidente de la República", que es básicamente la gran diferencia, no arregla los problemas por los que salimos a protestar (y si no, mirad a Italia, republicanos donde los haya). ¿No nos damos cuenta de que, con estas cosas, les damos razones para que no nos tomen en serio?

Los símbolos son aquello que podemos reconocer e identificar con algo concreto y, por lo general, las banderas en este país no cumplen muy bien ese requisito. Aquélla que "nos gusta" es bien vista cuando la llevan los demás, pero cuando no es ésa y otra la que portan, nos llevan los mil demonios. Si algo me gustó de las concentraciones de Sol del 15M fue que se decidió que no hubiera banderas, que no hubiera nada que pudiera dividir a los que allí protestábamos ni nada que pudiera distraer la atención sobre lo que se protestaba.

Y aquí me tenéis, siendo parte del sistema, y hablando de banderas en vez de hacerlo de otras cosas. Obviamente no soy un antisistema y mi voz de poco vale, pero cosas así las hacen los grandes medios de comunicación constantemente. Y eso no nos enfada.  Nos enfada que no lleven "la bandera que me gusta". Reflexionemos, por favor.

jueves, 9 de agosto de 2012

El artículo 14

Reza el artículo 14 de nuestra Constitución:
"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social."
Y, sin embargo, sabemos que eso no es así. Pero, por lo general, entendemos que una cosa es la teoría y otra la práctica. Hoy he descubierto que también lo es en la teoría.


Estaba leyendo reportajes y columnas de opinión sobre el caso de Sánchez Gordillo, en el cual, él y miembros del Sindicato de Trabajadores de Andalucía, asaltaron un Mercadona en Écija y se llevaron una docena de carros con productos de primera necesidad. En muchas de estas lecturas se le acusaba de esconderse tras su condición de aforado. No voy a abrir un debate de si lo que hizo es aplaudible o rechazable, aunque le dedicaré unas pocas líneas.

Personalmente, puedo entender las motivaciones pero nunca las formas. Perjudicar a unos (se habla de dos cajeras agredidas) para favorecer a otros no es la vía para solucionarlo, máxime cuando sus "compadres" de partido (IU en este caso, pero podríamos hablar de casi cualquier partido) cometen tantos excesos y nada dice sobre ellos. A estos efectos, concuerdo casi por completo con la columna que Toni Cantó, diputado nacional de UPyD, ha publicado en El Huffington Post. Comprendo que estos establecimientos (no sólo supermercados, sino restaurantes por ejemplo) podrían ser más solidarios en estos tiempos que corren y no tirar la comida con tanta alegría, aunque sólo sea por una mínima conciencia de no contribuir a la destrucción de muchas vidas. Y no sólo ahora. En época de bonanzas, sigue existiendo una parte muy importante del mundo que sigue muriendo de hambre. Pero no es el debate que quería traer hoy.

La cuestión es que me he puesto a indagar lo de qué es ser aforado y me he encontrado con este blog, El Ojo Crítico, escrito por ocho estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia, que me ha aclarado lo que antes decía: legalmente, no somos iguales ante la Ley.

Viene a decir que los diputados nacionales, los senadores y los diputados autonómicos, gozan de una estatuto jurídico distinto al del resto de nosotros (Sánchez Gordillo es, además de alcalde de Marinaleda, diputado de Parlamento Andaluz). Se supone que es para garantizar la independencia en el ejercicio de sus responsabilidades públicas. Hablando en plata, para que no puedan ser sometidos a presiones externas por sus acciones y decisiones.

Bien. Esto lo entiendo. Lo que no entiendo es por qué el robo de un supermercado, que nada tiene que ver con el ejercicio de sus funciones públicas, puede ser encerrado dentro de este fuero jurídico del que goza el señor Sánchez Gordillo. ¿Y vosotr@s?

Aunque, claro, tampoco entiendo que haya diez diputados del Parlamento de Valencia que estén imputados en causas judiciales y sigan sentados en sus butacas. Como tampoco entiendo que haya diputados del PSOE en el Parlamento Andaluz implicados en el caso de los ERE y que esten sentados en sus poltronas. Como tampoco entiendo que Andrea Fabra siga sentada en su escaño en el Congreso de los Diputado.

¿Conclusión? Cada vez entiendo menos a este país. Todos dicen defender la Constitución Española, salvaguarda de la buena convivencia en un Estado de Derecho, donde el único imperio es, se supone, el de la Ley. No entiendo que aquéllos que dicen defenderla, se la salten a la torera una y otra vez.

Como tampoco entiendo que el resto de los españoles se lo permitamos.

sábado, 4 de agosto de 2012

La quinta columna

El alzamiento de julio de 1936 no fue todo lo exitoso que los generales sublevados esperaban. España estaba dividida en dos, la que lo apayaba y la que decidió resistir. Se pretendía dar un golpe de mano y evitar un baño de sangre. Obviamente no se consiguió y así se inició la que, probablemente, fue la etapa más dura de nuestra Historia: una Guerra Civil. El objetivo, entonces, estaba claro: tomar Madrid. Controlar la capital significaría ganar la guerra. ¿Cómo lo harían? Los generales sublevados, dirigidos por Mola y Franco, decidieron la táctica de las cuatro columnas: dos dirigidas por Franco que vendrían desde el sur y suroeste; y dos desde el norte, por la Sierra, dirigidas por Mola. Los ciudadanos de Madrid que apoyaban la sublevación empezaron su trabajo dentro de la capital: sabotajes a la defensa de la ciudad, refugios para los compañeros ideológicos, cabalgadas en coches pistola en mano para meter miedo a la población... Estos ciudadanos fueron conocidos como la Quinta Columna, la que trabajaba desde dentro.

La realidad es que, en mi opinión, la quinta columna ha regresado. El gobierno ha introducido en la radio televisión pública a sus propios peones que, desde dentro, están desmantelando todo aquello que pueda cuestionar sus decisiones o, simplemente, ponerles en apuros. Es obvio que todos los gobiernos quieren una radio televisión pública lo más afín posible. Son creadores de opinión pública, se supone que la más imparcial del país porque no debería responder a más intereses que los de la información. La realidad es bien distinta. Todos han pecado en mayor o menor medida de inclinar TVE y RNE hacia su lado. Lo de ahora es descarado.

Así, han sido destituidos (entre otros muchos según he podido leer):
  • Fran Llorente, que era director de informativos. Fue despedido entre los aplausos de sus compañeros.
  • Xabi Fortes, director del programa "La noche en 24 horas" de Canal 24h., muy bien considerado por la crítica.
  • Juan Ramón Lucas, director del programa "En días como hoy" de RNE, que había conseguido los mejores resultados de la cadena en la franja matinal.
  • Toni Garrido, director del programa "Asuntos propios" de RNE, que había conseguido los mejores resultados de la cadena en la franja vespertina, y de "Redes" en La2, programa tremendamente recomendable que ya veremos cuánto le dura (quizás algo más porque no trata temas políticos).
  • Pepa Fernández, directora del programa "No es un día cualquiera" de RNE, que había conseguido los mejores resultados de la cadena en la franja matinal de los fines de semana.
Es obvio que sus ceses en nada responden a una política de empresa, puesto que tenían las mejores audiencias de las cadenas, gozaban de prestigio y eran muy respetados. ¿Qué ha cambiado?

Han cambiado el presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique y, sobre todo, el director de informativos: Julio Somoano, ex-director de informativos de Telemadrid (afín por tanto al PP). Un simple dato curioso: Somoano escribió una tesina fin de Máster de Comunicación Política sobre la estrategia que debía seguir el PP para ganar las elecciones de 2008. Además de la declaración de "independencia" que supone, en ella usa frases del tipo "esto es demagógico, pero calará en el electorado". Está en la página 36. Si alguno le quiere echar un vistazo, os la dejo aquí.

La última cesada ha sido Ana Pastor, directora de "Los desayunos de TVE", profesional a la que, personalmente, admiro muchísimo. Pocos periodistas me llaman la atención por la degradación que, a mi parecer, sufre la profesión, más culpa de las empresas que obligan a seguir líneas editoriales cada vez más claramente afines a ideologías políticas, que de los propios periodistas. Pero Ana Pastor preguntaba sin mirar a quién preguntaba (por mucho que me intentéis, los de uno y otro lado, convencer de lo contrario) y hacía, en mi opinión, lo que se le debe exigir a un periodista de un medio de comunicación público. Ése ha sido su gran pecado, no hacerse amiga de nadie. A las primeras de cambio, fuera. Recuerdo que fue la que viajó hasta Irán para entrevistar a Ahmadineyad y se atrevió a hacerle preguntas incómodas (como a todos y todas a los que entrevistó) jugándose algo más que la carrera. Ojalá hubiera más "Anas Pastor".

Mi última reflexión es un poco más general: tanto que presumimos de Democracia, ¿es éste el reflejo de nuestra madurez democrática? Personalmente me da asco. En Gran Bretaña los políticos no reciben previamente el cuestionario ni tienen derecho a dirigir la entrevista como aquí. En Gran Bretaña, la democracia más antigua del mundo, los periodistas ponen en apuros a los políticos, que deben hacer un ejercicio de renovación continua en sus informaciones para no caer en las trampas de sus periodistas. Eso es una democracia y no una en la que los políticos dirigen Cajas de Ahorro, televisiones, radios, etc. y deciden sobre los destinos de trabajadores de una forma parcial e interesada. En una democracia, la clase política debe ser un ejemplo. Aquí, desde luego, no lo es.

Afortunadamente hoy existen herramientas que, por el momento, no pueden callar como Twitter. En ella, Somoano decía que se dejaría la piel por una televisión pública objetiva, plural y de calidad. Juan Ramón Lucas escribe hoy: "El cese de Ana Pastor confirma que no es tiempo de rigor e independencia. Tampoco de sutilezas. Y esto último es importante considerar". Por último, la porpia Ana Pastor escribe: "Digan lo que digan, me cesan por hacer periodismo". Pensemos un poco, por favor.

Ya lo decía en mi presentación: no es sólo una crisis económica. También es una crisis galopante en lo social y en lo político. Y me atrevería a decir, en lo moral.

Os dejo el audio de despedida de Toni Garrido a sus oyentes de "Asuntos Propios" donde hace unas reflexiones más que interesantes sobre las que pensar.

jueves, 2 de agosto de 2012

Mucho lirili y poco lerele

Decía Adam Smith, uno de los padres del Capitalismo, allá por el siglo XVIII que "ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz si, en ella, la mayor parte de los miembros es pobre y desdichado". Casi tres siglos después, los responsables políticos, económicos y sociales de nuestra prosperidad y felicidad parecen haber olvidado las palabras del "creador". Se han convertido en apóstoles impíos de una práctica económica que traicionan día sí y día también desde que estalló esto que llaman crisis.

Ayer habló Mario Draghi, presidente del BCE, el mismo que una semana atrás había anunciado que haría todo lo posible por salvar el €uro. El mismo que hoy ha venido a decir que, de momento, no va a hacer nada, aunque está planificando "medidas excepcionales" para más adelante. Es decir, mucho lirili y poco lerele. Reacción inmediata: bolsas por los suelos y primas de riesgo por los cielos. Diría, sr. Draghi, que en su primera oportunidad de ayudar, lo ha hecho Ud. como el culo.

Pero en una cosa hay que darle la razón, a Draghi y al presidente del Bundesbank: el BCE no puede actuar de la forma que espera todo el mundo si no tiene los mecanismos apropiados. El mecanismo actual es que, para que un Estado reciba ayuda de los Fondos de rescate y del BCE, primero tiene que solicitarlo. Si nadie lo solicita, Draghi tiene las manos atadas en ese asunto. Y aquí es donde entramos en que si los Monti o Rajoy de turno no piden la ayuda por orgullo (mal entendido, a mi parecer) o por electoralismo (vamos, lo de siempre). En cualquier caso: ¿no se supone que han sido elegidos para solucionar los problemas? ¿No prometían eso a la llegada a sus poltronas? Si pedir ayuda es parte de la solución, ¿no deberíamos pedirla ya? Dicen que no serán rescatados porque la famosa troika les pediría lo que ya están haciendo. ¿Y? A lo mejor es que carezco de lógica política, pero si te van a dar ayuda a cambio de algo que ya estás haciendo... ¿por qué no coges la ayuda?

Y llego a la misma conclusión que casi siempre: esto es un problema principalmente político. Son los políticos quienes ponen las reglas del juego y los famosos mercados los que se aprovechan de ellas. Nada de esto pasaría si hubiera otras reglas del juego. No se hubiera llegado a este punto si la clase política no hubiera mirado para otro lado cuando recibían dádivas a cambio de dicha ceguera temporal.

La realidad es que, defensores del Capitalismo o no, la Economía se ha vuelto demasiado complicada. Adam Smith la enunció muy fácilmente y, si bien es cierto que toda teoría económica y/o política es utópica y debe ser modificada para ser llevada a cabo, no es menos cierto que yo me pierdo cuando intento bucear entre mecanismos, fondos, bonos, primas de riesgo, competencias, etc. El padre del Capitalismo se volvería loco ahora mismo. El Capitalismo teórico es lo más sencillo del mundo. Se rige por una lógica que ahora se ha perdido, por mucho que me intenten convencer de lo contrario.

Acabaré hoy recomendando encarecidamente la lectura de "La Riqueza de las Naciones", así como con otra cita del propio Smith; una que fue escrita hace casi tres siglos y que sigue siendo tan real que asusta. Decía que "no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podremos contar con nuestra cena, sino por su propio interés". Es hora de que empecemos a ser conscientes de qué lugar ocupamos en esta sociedad y a recordar que son ellos los servidores públicos y no al revés. Ellos se mueven por su interés. Defendamos los nuestros.

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Una voz crítica

Una canción de Golpes Bajos, una banda mítica, reza "Malos tiempos para la lírica". Me atrevería a decir que para nadie en general. Pero las sociedades que salen de las crisis, suelen salir más fortalecidas. O, al menos, ésa es la esperanza que nos queda.

Además de económica (que es la más grave porque pone en riesgo las necesidades primarias de la gente), vivimos una crisis social y política galopante. Me he hartado de escuchar que si la sociedad española no tiene cultura política, que si no se ha implicado, parafraseando al personaje televisivo, en ésta nuestra democracia, que si la juventud ha nacido acomodada y no sabe luchar. No seré yo quien niegue la mayor y razón no le faltan a tales afirmaciones. Nuestros abuelos y nuestros padres lucharon por un mundo mejor, por su presente y nuestro futuro. Nosotros nacimos en ese mundo mejor y creímos que lo mejor era no tocarlo.

La realidad nos ha enseñado, a base de golpes, que estábamos equivocados. Como casi siempre. Es la hora de reaccionar y de implicarse. Nuestro mundo de hadas se ha venido abajo y hemos entrado en ese Matrix real que aparece cuando te tomas la píldora roja, una especie de sueño del que nos quejábamos por quejarnos, y que ahora se ha convertido en la pesadilla de la que querríamos despertar y no podemos.

El sistema falla. Todos hemos visto al mismo gato negro doblar la misma esquina no ya dos veces, sino cientos de ellas, pero hemos hecho la vista gorda porque no nos iba mal. Pero ahora que somos conscientes podemos empezar a cambiarlo. Hay muchas formas y cada uno podemos combinarlas como creamos oportuno. Pero el "no hacer nada" ya no es una opción.

Y este blog, para mí, será una de esas formas. Será una herramienta con la que desarrollar mi espíritu crítico, donde pensar en voz alta aquello que yo pienso y no lo que otros quieren pensar por mí. Un espacio de denuncia si así lo creyese oportuno. Un megáfono de libertad de expresión para el que me quiera escuchar y que prestaré a quien quiera utilizarlo, siempre que lo haga con respeto. Y, sobre todo, será mi continuo contacto con la realidad, una realidad que nadie más puede continuar ignorando sin que la marea se lo lleve por delante.

Y yo no quiero que me lleve por delante.

Hola hola

Muy buenas a tod@s.

Después de muchos intentos en solitario y conjuntos, tengo el firme propósito de no callarme más. Muchas veces me he sentido coartado a la hora de hablar de política. La gente, por lo general, pasa. No hace mucho que, manteniendo un debate un tanto caldeado pero enriquecedor con un conocido en el campamento a la hora de la comida, la reacción de un chico de 18 años fue pedirme permiso para abandonar la mesa e irse a otra porque "la política me aburre". Prefiere hablar de cosas mucho más trascendentales del tipo World of Warcraft, Assasins Creed o Juego de Tronos, temas muy respetables todos ellos (alguno me interesa casi tanto como a él como tema de conversación) pero que me resultan banales en la situación que vivimos hoy en día.

Esto se corresponde con la sensación que tengo desde hace varias semanas. He asistido a varias protestas aquí en Madrid, cada vez más multitudinarias, pero falta gente joven. Ese rango de 16-24 años cuyo futuro está aún más negro que mi presente. ¿Será posible que esas generaciones tengan tan lavado el cerebro como para no ver que su futuro se está jugando ahora? Existiendo las excepciones pertinentes, parece ser que sí.

Hablo de política con cuatro o cinco personas a lo sumo y sólo cuando existen ciertas condiciones que lo permiten. Reconozco que me encanta discutir, en el sentido latino del término (donde una discusión es una intercambio de ideas y opiniones sin tener por qué haber enfado, gritos, etc.), pero me exaspera la falta de interés de los demás. Está muy bien quejarse, pero hagámoslo con argumentos y con interés. Leamos periódicos (o eso que se le parece), blogs y oigamos informativos de distintos lados para formarnos una opinión propia y no repetir cuales loros y papagayos lo que fulanito o menganito nos cuentan.

El cambio es posible, pero soy de los que piensan que, para hacerlo real, debemos forjar una sociedad formada. Internet es una herramienta sensacional para eso. Tenemos acceso a casi todo. Como toda herramienta, si se usa adecuadamente, puede forjar ese cambio. Éste será mi pequeño granito de arena. Uno, espero, de los muchos que quiero poner.