"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social."Y, sin embargo, sabemos que eso no es así. Pero, por lo general, entendemos que una cosa es la teoría y otra la práctica. Hoy he descubierto que también lo es en la teoría.
Estaba leyendo reportajes y columnas de opinión sobre el caso de Sánchez Gordillo, en el cual, él y miembros del Sindicato de Trabajadores de Andalucía, asaltaron un Mercadona en Écija y se llevaron una docena de carros con productos de primera necesidad. En muchas de estas lecturas se le acusaba de esconderse tras su condición de aforado. No voy a abrir un debate de si lo que hizo es aplaudible o rechazable, aunque le dedicaré unas pocas líneas.Personalmente, puedo entender las motivaciones pero nunca las formas. Perjudicar a unos (se habla de dos cajeras agredidas) para favorecer a otros no es la vía para solucionarlo, máxime cuando sus "compadres" de partido (IU en este caso, pero podríamos hablar de casi cualquier partido) cometen tantos excesos y nada dice sobre ellos. A estos efectos, concuerdo casi por completo con la columna que Toni Cantó, diputado nacional de UPyD, ha publicado en El Huffington Post. Comprendo que estos establecimientos (no sólo supermercados, sino restaurantes por ejemplo) podrían ser más solidarios en estos tiempos que corren y no tirar la comida con tanta alegría, aunque sólo sea por una mínima conciencia de no contribuir a la destrucción de muchas vidas. Y no sólo ahora. En época de bonanzas, sigue existiendo una parte muy importante del mundo que sigue muriendo de hambre. Pero no es el debate que quería traer hoy.
La cuestión es que me he puesto a indagar lo de qué es ser aforado y me he encontrado con este blog, El Ojo Crítico, escrito por ocho estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia, que me ha aclarado lo que antes decía: legalmente, no somos iguales ante la Ley.
Viene a decir que los diputados nacionales, los senadores y los diputados autonómicos, gozan de una estatuto jurídico distinto al del resto de nosotros (Sánchez Gordillo es, además de alcalde de Marinaleda, diputado de Parlamento Andaluz). Se supone que es para garantizar la independencia en el ejercicio de sus responsabilidades públicas. Hablando en plata, para que no puedan ser sometidos a presiones externas por sus acciones y decisiones.
Bien. Esto lo entiendo. Lo que no entiendo es por qué el robo de un supermercado, que nada tiene que ver con el ejercicio de sus funciones públicas, puede ser encerrado dentro de este fuero jurídico del que goza el señor Sánchez Gordillo. ¿Y vosotr@s?
Aunque, claro, tampoco entiendo que haya diez diputados del Parlamento de Valencia que estén imputados en causas judiciales y sigan sentados en sus butacas. Como tampoco entiendo que haya diputados del PSOE en el Parlamento Andaluz implicados en el caso de los ERE y que esten sentados en sus poltronas. Como tampoco entiendo que Andrea Fabra siga sentada en su escaño en el Congreso de los Diputado.
¿Conclusión? Cada vez entiendo menos a este país. Todos dicen defender la Constitución Española, salvaguarda de la buena convivencia en un Estado de Derecho, donde el único imperio es, se supone, el de la Ley. No entiendo que aquéllos que dicen defenderla, se la salten a la torera una y otra vez.
Como tampoco entiendo que el resto de los españoles se lo permitamos.
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