jueves, 2 de agosto de 2012

Una voz crítica

Una canción de Golpes Bajos, una banda mítica, reza "Malos tiempos para la lírica". Me atrevería a decir que para nadie en general. Pero las sociedades que salen de las crisis, suelen salir más fortalecidas. O, al menos, ésa es la esperanza que nos queda.

Además de económica (que es la más grave porque pone en riesgo las necesidades primarias de la gente), vivimos una crisis social y política galopante. Me he hartado de escuchar que si la sociedad española no tiene cultura política, que si no se ha implicado, parafraseando al personaje televisivo, en ésta nuestra democracia, que si la juventud ha nacido acomodada y no sabe luchar. No seré yo quien niegue la mayor y razón no le faltan a tales afirmaciones. Nuestros abuelos y nuestros padres lucharon por un mundo mejor, por su presente y nuestro futuro. Nosotros nacimos en ese mundo mejor y creímos que lo mejor era no tocarlo.

La realidad nos ha enseñado, a base de golpes, que estábamos equivocados. Como casi siempre. Es la hora de reaccionar y de implicarse. Nuestro mundo de hadas se ha venido abajo y hemos entrado en ese Matrix real que aparece cuando te tomas la píldora roja, una especie de sueño del que nos quejábamos por quejarnos, y que ahora se ha convertido en la pesadilla de la que querríamos despertar y no podemos.

El sistema falla. Todos hemos visto al mismo gato negro doblar la misma esquina no ya dos veces, sino cientos de ellas, pero hemos hecho la vista gorda porque no nos iba mal. Pero ahora que somos conscientes podemos empezar a cambiarlo. Hay muchas formas y cada uno podemos combinarlas como creamos oportuno. Pero el "no hacer nada" ya no es una opción.

Y este blog, para mí, será una de esas formas. Será una herramienta con la que desarrollar mi espíritu crítico, donde pensar en voz alta aquello que yo pienso y no lo que otros quieren pensar por mí. Un espacio de denuncia si así lo creyese oportuno. Un megáfono de libertad de expresión para el que me quiera escuchar y que prestaré a quien quiera utilizarlo, siempre que lo haga con respeto. Y, sobre todo, será mi continuo contacto con la realidad, una realidad que nadie más puede continuar ignorando sin que la marea se lo lleve por delante.

Y yo no quiero que me lleve por delante.

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