Hace unos días hablaba con un amigo (con el que, por cierto, emprenderé un proyecto en las próximas semanas más que interesante) sobre la reforma electoral que pretende llevar a cabo el Gobierno y, más allá de las bondades o maldades de la reforma pretendida, llegamos a una conclusión que está inmejorablemente definida por la conocida frase: "La mujer del César no sólo tiene que serlo, sino también parecerlo".