Sigo con interés desde hace varias semanas el conflicto de Siria, una guerra civil en toda regla. Es curioso pensar que, en pleno siglo XXI, debamos seguir resolviendo nuestras diferencias con violencia. Como historiador que soy, sé que siempre ha sido así, que es inherente a la condición humana y que, pasen veintiuno o cuarenta siglos, mientras el hombre sea hombre, seguirá siendo así. Cambiarán las formas, las armas, las tácticas. Pero no cambiará la naturaleza humana. No en vano, no hace ni 70 años fuimos protagonistas (obviamente yo no, pero hablo como parte del género humano que me considero) de la peor guerra jamás vivida. La Segunda Guerra Mundial sesgó, haciendo una media entre los diferentes estudios, la vida de más 50 millones de personas, la mitad de ellos civiles. Cualquier persona de a pie diría que tal masacre debería servirnos aun hoy de lección. La realidad nos demuestra que el hombre jamás aprenderá esa lección.
Pero, si dejamos a un lado las frías cifras, mi cerebro empieza a funcionar como el ser humano que soy y veo que una guerra no sólo es el número de muertos. No sabemos nada de las familias, de las secuelas psicológicas, de los prisioneros y el trato que reciben, de la gente que queda inválida, de quien ve destruido todo aquello a lo que ha dedicado toda su vida. No sabemos nada. ¿O no lo queremos saber? En mi último año de carrera, hice un trabajo sobre la mentalidad occidental acerca de la eutanasia y me sorprendió descubrir una realidad de la que, por inmersión cultural, no era muy consciente (lo típico de "los árboles no te dejan ver el bosque). Nos alejamos de la muerte y todo aquello que nos recuerde a ella. ¿No es eso alejarnos un poco de nuestra humanidad? Pero no es éste el pensamiento que hoy quería imprimir aquí.
Hablaba de todo aquello que no conocemos, sin entrar en las razones de tal desconocimiento, y del conflicto de Siria. Y leyendo me encuentro con unas declaraciones del Director Ejecutivo de UNICEF. Os las transcribo literales para que podáis pensar sobre ellas sin intermediarios:
"Aprovechando que los ojos del mundo se fijan en la escalada de violencia que afecta a Siria, no debemos pasar por alto el hecho de que los niños, a pesar de no ser responsables de esta tragedia, están pagando un precio terrible" (Anthony Lake, Director Ejecutivo de UNICEF).
Por supuesto no sólo esto ocurre en Siria. Digamos que éste es el conflicto más mediático, pero podríamos hablar del conflicto de Sudán, de las guerras inter-tribales africanas, de la esquilmación de la Amazonía o de cómo las ONG's en España se quedan sin recursos por unas Administraciones irresponsables, como Nuevo Futuro (el ejemplo, en Valencia; leer noticia aquí). Afortunadamente, yo no he vivido cosas así. He vivido en paz, con comida diaria y no he visto ningún tanque de cerca, salvo en los desfiles del Ejército. ¿Qué se siente cuando te ves abocado a vivir lejos de tu país, de tu barrio, de tus amigos? ¿Qué se te pasa por la cabeza cuando tus seres queridos fallecen por algo que ni aciertas a comprender y que, probablemente, jamás comprenderás? ¿Llega a consolarte que te den un lote de comida y una manta? ¿Qué ocurre cuando te despiertas de una pesadilla y ves que estás viviendo otra? ¿No sería mejor haberlo evitado?
¿Qué mundo les estamos dejando? ¿Cómo se los estamos dejando al mundo?
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