Muy buenas a tod@s.
Después de muchos intentos en solitario y conjuntos, tengo el firme propósito de no callarme más. Muchas veces me he sentido coartado a la hora de hablar de política. La gente, por lo general, pasa. No hace mucho que, manteniendo un debate un tanto caldeado pero enriquecedor con un conocido en el campamento a la hora de la comida, la reacción de un chico de 18 años fue pedirme permiso para abandonar la mesa e irse a otra porque "la política me aburre". Prefiere hablar de cosas mucho más trascendentales del tipo World of Warcraft, Assasins Creed o Juego de Tronos, temas muy respetables todos ellos (alguno me interesa casi tanto como a él como tema de conversación) pero que me resultan banales en la situación que vivimos hoy en día.
Esto se corresponde con la sensación que tengo desde hace varias semanas. He asistido a varias protestas aquí en Madrid, cada vez más multitudinarias, pero falta gente joven. Ese rango de 16-24 años cuyo futuro está aún más negro que mi presente. ¿Será posible que esas generaciones tengan tan lavado el cerebro como para no ver que su futuro se está jugando ahora? Existiendo las excepciones pertinentes, parece ser que sí.
Hablo de política con cuatro o cinco personas a lo sumo y sólo cuando existen ciertas condiciones que lo permiten. Reconozco que me encanta discutir, en el sentido latino del término (donde una discusión es una intercambio de ideas y opiniones sin tener por qué haber enfado, gritos, etc.), pero me exaspera la falta de interés de los demás. Está muy bien quejarse, pero hagámoslo con argumentos y con interés. Leamos periódicos (o eso que se le parece), blogs y oigamos informativos de distintos lados para formarnos una opinión propia y no repetir cuales loros y papagayos lo que fulanito o menganito nos cuentan.
El cambio es posible, pero soy de los que piensan que, para hacerlo real, debemos forjar una sociedad formada. Internet es una herramienta sensacional para eso. Tenemos acceso a casi todo. Como toda herramienta, si se usa adecuadamente, puede forjar ese cambio. Éste será mi pequeño granito de arena. Uno, espero, de los muchos que quiero poner.
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