Desde que vivimos esta crisis, estamos poniendo en cuestión prácticamente
todo nuestro sistema como civilización. En ello se demuestra nuestra humanidad,
cuestionándonos todo cuando las cosas vienen mal y no cuando tenemos el viento
a favor. Nos falta ese sentido del mañana que tenían nuestros previsores abuelos.
En cualquier caso, nunca es tarde si la dicha es buena y salimos de ésta (que
saldremos, el capitalismo nos necesita) mejor preparados para la siguiente (que
tampoco dudéis que llegará, tarde o temprano). Ahora ponemos en solfa nuestro
sistema educativo y la pregunta que más divide a nuestra sociedad tras la
propuesta de reforma sobre las becas del ministro Wert es la que planteo en el
título de esta entrada: ¿Qué debe preponderar a la hora de otorgar las becas?
¿La igualdad de oportunidades? ¿O la exigencia? La respuesta, para mí, es otra
pregunta: ¿Es necesario elegir?
Los defensores a ultranza de esta ley, y no me refiero sólo
a los políticos populares (me acuerdo especialmente del señor Marhuenda),
sostienen que a quien se beneficia del dinero público se le deben exigir
resultados y que un 6,5 (que es la nota mínima que tendrá que sacar un
estudiante universitario para poder acceder a la beca) no es tampoco una
exigencia extraordinaria. Al mismo tiempo, dicen que este cambio en los requisitos de
acceso a las becas no atenta contra la igualdad de oportunidades. ¿Y vosotr@s
qué opináis?
Yo opino lo siguiente. Esto SÍ atenta contra la igualdad de
oportunidades por una sencilla razón, señor Wert y compañía: porque no a todos se les
exige lo mismo. Es decir, a un alumno sin recursos se le exige un 6,5 para
seguir estudiando. A un alumno con posibles (como los llamaba mi abuela), con
un 5 le vale (o ni siquiera). Esto no es igualdad, ya no digo ni de oportunidades. Y quien no
quiera ver esto, es que está ciego.
Ahora bien, que en la educación española (no sólo en la
universitaria) se exige poco también es verdad. Y cada vez menos. El problema,
por tanto, no está en la nota porque, al fin y al cabo, ¿qué es la nota, sino
un valor numérico relativo calculado sobre una base de exigencia bastante
deficiente? ¿A nadie se le ocurre pensar que en una misma asignatura no es
igual la exigencia tras los conocimientos impartidos por uno u otro profesor?
Es que, a lo mejor, un 5 con cierto profesor, en cierta asignatura y/o en
cierta carrera tienen más valor que un 7 en otras circunstancias (y hablo por
experiencia).
Creo que nadie estará de acuerdo en que se conceda dinero
público a alumnos que se tocan el higo. Pero para que alguien acceda a una beca
se le debe exigir superar el límite impuesto para considerar una asignatura
aprobada. Nada más. ¿Por qué? Porque se debe exigir lo mismo a todos, tengan recursos o no los tengan. En eso consiste la igualdad de oportunidades, en que el dinero no sea un obstáculo y en eso precisamente se convierte si se le exigen 1,5 puntos más al pobre que al rico (o más, porque al rico le da igual suspender). ¿Solución? Eleven el nivel de contenidos y profesorado (ojo,
el nivel, no la cantidad que a veces se confunden). Con un nivel más alto, un 5
valdrá más que un 6,5 en nuestro sistema actual y ese 5 se les exigirá a todos.
Y que nadie me diga nada de tintes políticos, porque no los
tiene. Ésta es una crítica tanto a la derecha como a la izquierda, que cuando
ha tenido el poder tampoco ha hecho nada por subir el nivel general de nuestro
país. La derecha quiere exigencia. La izquierda, igualdad. Siempre parece una
cuestión de elección y no siempre es así. Lo que nos parecen decir es que tenemos que elegir entre todos mediocres o unos pocos muy listo. A veces basta con hacer las cosas
bien. O al menos intentarlo. Pero eso parece complicadísimo en este país.
Y, al fin y al cabo, ya que no parecen tener la intención de
intentar llegar a un punto medio que cree un equilibrio entre “exigencia” e “igualdad”,
que sean lo suficientemente sensatos como para dejar que sean los profesionales
de la educación los que coordinen una ley bien hecha, ajustada a las
necesidades de este país que, por cierto, no son pocas. Hay cuestiones que no tienen que ver con la política, por mucho que intenten negarlo.
La educación debe cumplir la doble función de cohesionadora
social y de potenciadora del desarrollo productivo del país. Es, en mi opinión, la
mejor inversión que un Estado puede hacer para sus ciudadanos, tanto para
salvaguardar sus derechos como para proponerles un mejor futuro. Si nuestros
políticos no son capaces de entender eso, es que no están cumpliendo sus
funciones.
Y ahora yo pregunto: ¿debe cobrar dinero público quien no
cumple con las funciones que le han sido atribuidas? ¿No es equiparable esto a
no recibir una beca? Porque a mí me parece que nuestros responsables en
educación no llegan ni a un 4.
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