lunes, 22 de abril de 2013

De Italia, España y el servicio público

La política italiana es harto complicada, aunque supongo que lo mismo les parecerá la nuestra a ellos. Como todo, la política es hija de la cultura en que se desarrolla, con sus condicionamientos económicos y sociales, con sus particularidades. Afortunadamente, tengo la suerte de hablar con algunos italianos que, poco a poco, me van deshojando el bosque y que me permiten ver alguna fuente de luz muy lejana. Algunos ya me han dicho que en Italia ahora vemos algo que sucederá en España en 5 años. Yo contestó que, en otros ámbitos, ocurre al contrario. Así que he llegado a la conclusión de que Italia y España son países más hermanos de lo que, a simple vista, pueda parecer ("siamo cugini" ["somos primos"], me decía uno de ellos, muy apreciado).


La situación en Italia es, a mi modo de entender, crítica. Los electores del Jefe del Estado no han sido capaces de ponerse de acuerdo y su pacto de compromiso es renovar a Giorgio Napolitano, antiguo líder comunista hasta la desaparición del partido, que cuenta ya con 87 años. De acabar su mandato, algo altamente improbable, tendría 94 años al dejar el cargo. Pero la realidad es que los grandes partidos, el PD (centro-izquierda, del dimisionario Bersani), el PdL (centro-derecha, Berlusconi) y el M5S (el movimiento "anti-sistema" del cómico Beppe Grillo) no han sido capaces de llegar a un pacto de Estado. Y ya hacedos meses que se celebraron las elecciones.

Es evidente, por tanto, que el comportamiento de las fuerzas políticas con capacidad de decisión es muy similar en aquel país y el nuestro. ¿Alguien ve factible un pacto de Estado entre PP y PSOE? ¿Sobre algún tema? Yo diría que no. Cuenta la leyenda que, durante un tiempo, llevaron la misma voz a Bruselas pero mucho me temo que eso ya quedó relegado al olvido. Para mí, es un escenario desolador.

Es desolador porque a nuestros políticos se les llena la boca diciendo que están ahí porque tienen una vocación de servicio público y es por cosas como éstas que ellos mismos se retratan. Yo, personalmente, tengo fe en el sistema (y con esto no quiero decir que no crea que el sistema deba ser revisado y mejorado). En quien ya no tengo fe es en nuestros políticos, esos que tanto nos quieren servir, pero que no son capaces de llegar a un acuerdo de compromismo para que nos vaya bien a todos o, al menos, no tan mal. Sólo oigo los discursos del "y tú más", ninguno del "sentémonos y no nos levantaremos hasta que no encontremos soluciones". Porque no interesa, supongo.

Volviendo a Italia, y esperando que eso no llegue a suceder en España, hay un detalle que no sé si les habrá escapado (indagaré esta semana). Napolitano puso como condición que se debía formar gobierno y que, visto el entendimiento existente (o inexistente, más bien), el procedimiento sería el siguiente: él propondrá un nombre, un hombre de Estado. Los partidos que estén dispuestos a apoyar ese nombre entrarán a formar parte del Gobierno de Roma. Fabuloso. Yo dejo aquí una pregunta: ¿En qué lugar deja esto la voz que los ciudadanos expresaron en las elecciones?

Yo tengo claro que eso sucede aquí y pasamos a mayores.

Cinco años tenemos, o eso me dicen mis amigos italianos. Cinco años para que esto no se vuelva insostenible. Que lo consigamos o no es otra historia.

1 comentario:

  1. Buena análisis Miguel... Acabo de volver de Italia. La gente está bastante resignada a que esto sea, otra vez más, una representación de teatro donde los únicos que van a pagar son los espectadores del mismo.
    Saludos

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