martes, 19 de marzo de 2013

Y ahora Chipre

Lo de esta Europa es para mear y no echar gota. ¿De qué hablo exactamente? ¿De los rescates? ¿De la continuidad del euro? ¿De la inutilidad de los organismos europeos? Pues no, hablo básicamente de la ceguera que consume a casi todos los países de esta Unión Europea que está destinada a cambiar radicalmente o a desaparecer.

Y es que, a estas alturas, con el tema de Chipre explotándonos en la cara, nadie (y cuando digo nadie, me refiero a ningún dirigente europeo en general) se da cuenta de que sólo un dirigente político campa a sus anchas por esta empobrecida Europa: Ángela Merkel.


Yo entiendo que los países del Sur, ahora mismo, somos una carga para los del Norte, especialmente para Alemania. Tres países (si incluímos a Chipre junto a Portugal y Grecia) han sido rescatados por completo, un cuarto ha recibido un rescate del sistema financiero (España) y el quinto, Italia, está en la cuerda floja, aguantando como puede pero a un estornudo más de que se declare la pandemia.

No nos engañemos. Nos aprietan las tuercas porque es su dinero el que nos mantiene en vilo. Obviamente, no es una ayuda gratuita o abnegada. Estos países tienen sus intereses: por un lado, somos un mercado que, aunque sea débilmente, debemos seguir ejerciendo de consumidores; por otro, éstos son los países que mantienen el euro y a la U.E. a flote, apareciendo por tanto como estados fiables en los que poder meter tu dinero con total tranquilidad. Es así hasta tal punto que muchos inversores prefieren perder dinero invirtiéndolo en Alemania que arriesgarlo en países como España e Italia (no te quiero decir en Grecia).

Ahora resulta que van a quitar el dinero a los chipriotas de sus cuentas bancarias, escudándose en que lo que se pretende es castigar a los grandes capitales rusos instalados allí, ya que las ventajas fiscales de la isla son de los más apetecibles de toda la Eurozona. En mi opinión, se ha cruzado una línea roja que, aunque se intentará rectificar, estoy seguro, resulta ser un paso demasiado peligroso para la débil Europa.

Ante esto yo me hago dos preguntas: ¿Cómo se ha tomado esta decisión? ¿Cuál es el verdadero fin de esta decisión?

A la primera, después de leer varios artículos en algunos periódicos españoles, italianos y británicos, contestaría, sin duda alguna, al mandato directo de Merkel. Ella es la única que dirige Europa ahora mismo. Se siente tan fuerte que ya le ha planteado a Cameron que está harta de sus juegos y que tendrá que tomar una decisión a no mucho tardar: Gran Bretaña en o fuera de la U.E. Merkel presiona al resto de economías fuertes del Eurogrupo. A España e Italia les recuerda que es su "benevolencia" la que haya hecho que con ajustes y recorte del gasto público sea suficiente (por el momento), salvaguardando el dinero de los depósitos de sus ciudadanos. Imaginaos por un momento que hacen esto aquí: ¿cuánto más aguantaría Rajoy en el puesto? ¿Cuánta gente saldría a la calle si le tocan lo poco que les queda sin tocar? ¿No hundiría el escaso margen que tiene Bersani en Italia? ¿No hundiría a Italia en el caos que pretende Grillo? ¿Y Francia? Mejor decir que sí, que no está el horno para bollos tampoco allí.

A la segunda, sobre el verdadero fin, creo que pretende ser una medida ejemplarizante. Eso sí, con un país pequeño que representa un porcentaje mínimo de la economía euro que, según Merkel (y puede que no sea sin razón), se ha pasado un poco de lista atrayendo unos capitales rusos que no huelen precisamente muy bien que digamos. En la época de la unidad fiscal y monetaria, Merkel no lo puede permitir. Es una amenaza, no a Chipre sino a otros países díscolos como el nuestro. "Tened cuidado que no estoy aquí para hacer amigos" viene a decir.

Respecto a lo que decía al principio, lo que no entiendo es que el resto de países actúe a ciegas, como si le hablara un líder religioso. Merkel hace y deshace a su antojo y nadie parece querer evitarlo. Es la profeta de la Europa del welfare, una Europa que, por cierto, yo cada vez veo más lejos.

Debo felicitarla, señora Merkel. Usted sí ha hecho las cosas bien por su país. Ha sido la que mejor ha gestionado la crisis ganando dinero con ella. Por eso saldrá reelegida en septiembre. Sigue el camino que siguió la vieja Prusia de Bismarck a la hora de liderar la unificación alemana, pero esta vez con Europa. Usted la lidera con puño de hierro. El resto de Estados, divididos en dos (protestantes y católicos en el XIX, del norte y del sur en el XXI), acaban por subyugarse a su liderazgo. Esperemos que esto no acabe como la Alemania de la postguerra.

Y de la Unión Europea podría decir más cosas, pero eso es otra historia.

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