Jamás he escondido mi admiración hacia el programa Salvados y, en especial, hacia el miembro de su equipo más conocido: Jordi Évole. Me parece un periodista de los que, desgraciadamente, hay pocos, que nunca evita la pregunta o la situación incómoda y no le gusta hablar con eufemismos o metáforas de difícil comprensión. Sus preguntas son claras y directas y exige respuestas del mismo calado. Creo que si queremos una sociedad española más preparada que sustente un Estado más eficaz y mejor dotado, éste es el tipo de periodismo que debe verse en nuestras televisiones, leerse en nuestros periódicos y escucharse en nuestras radios. Pero como también es muy conocida mi aversión hacia nuestras empresas de comunicación, no ahondaré más en el tema. De momento.
Este domingo, Salvados fue una entrevista monográfica a Artur Mas, President de la Generalitat de Catalunya. La vi durante su emisión y me dejó mucha ideas bullendo en mi cabeza. Por eso hoy la he visto más detenidamente y he ido haciendo algunas anotaciones sobre las que he reflexionado y que me gustaría compartir con vosotr@s durante dos o tres artículos. Es una reflexión basada en el tema prinicpal de la entrevista, el proyecto independentista de Mas, pero que pretende conjugar críticas argumentadas y opiniones de todo tipo, no sólo respecto al proceso independentistas, sino en muchos casos en el conjunto de la política y la sociedad españolas.
Sólo comentaré en este primer artículo un momento de la entrevista en la que Jordi Évole enseña una imagen de una pintada en un banco en la que se lee: "Espanya ens roba" ("España nos roba"). La acción se sitúa en un bar y el camarero de dicho bar hace una reflexión más que acertada, aunque lamento decir que, en mi opinión, lo hace de forma inconsciente. Este camarero, que momentos antes se declara contrario a la independencia como modo de resolver los problemas de Catalunya, dice que está completamente de acuerdo con esa pintada. Más concretamente dice lo siguiente:
"Estoy totalmente de acuerdo. Con los números y lo que nos cuentan, en mano, nos roban. No nos dan lo que es nuestro, por lo tanto..."
Decía antes que no ahondaría más en mi aversión a las empresas de comunicación de este país. Menos mal que puse el "de momento" que me permite volver al tema. Porque la pregunta que yo le haría a ese chico (y a cualquiera que me argumentara así únicamente) sería: ¿Y qué es lo que nos cuentan?
A lo mejor es que a mí se me ha ido la almendra del todo (y probablemente sea cierto), pero no creo estar loco cuando digo que, en asuntos nacionales, las empresas de comunicación responden a una determinada ideología y a unos determinados partidos políticos. Ejercen más como megáfonos doctrinarios que como medios informativos imparciales o como medios que creen una libre opinión pública. En los periódicos, por ejemplo, prácticamente ya ocupan más espacio las columnas y las páginas de opinión, que las de información. Los innumerables tertulianos de radio y televisión suelen tener un perfil aceptado por la emisora o cadena respectiva, maquillado algunas veces con alguno que difiere en cosas mínimas para disfrazarlo de pluralidad o imparcialidad. Y esto, señoras y señores, a mi humilde entender, no viene a ser otra cosa que dictarnos lo que tenemos que pensar y lo que no, cómo lo tenemos que pensar y cómo no hemos de hacerlo.
Claro, tenemos la libertad de comprar otro periódico, de cambiar de cadena o de emisora. Sí, pero para ir a otra donde intentarán hacer lo mismo, pero con otros postulados. ¿Será casualidad que se asemeje tanto a lo de votar a un partido o a otro? Creo en un medio de comunicación público que ejerza esta función en la sociedad (impulsaría, por qué no, también un diario escrito de carácter público), pero éste sólo sería eficaz si los profesionales que allí trabajasen no fuesen puestos a dedo y sintiesen la libertad de poder ejercer su función, ni más ni menos. El ideal de un periodista, creo yo. Un ideal que muchos parecen haber olvidado a cambio de la supervivencia pero que si existiera en un ente público, empujaría al resto de empresas a acercarse al mismo.
Esto sucede en Madrid y sucede en Catalunya. Nos cuentan lo que quieren contarnos. No puedo decir si los datos que da La Vanguardia son ciertos. o si lo son los que da El Mundo. Lo que no me explico, lo que me hace reflexionar y dudar es que los datos económicos de las aportaciones al Estado de Catalunya y las recepciones que a modo de inversión hace allí el Estado que dan los dos diarios, no son los mismos (ni en estos dos diarios ni en ninguno, claro). Cada uno cuenta "su" verdad. Probablemente, ninguna pueda ser acusado de mentir. Sí, probablemente, de no contarlo todo.
Tal y como Mas dice durante la entrevista (aunque sólo lo aplica cuando le interesa), ¿tanto miedo tienen de saber lo que pensaríamos si supiésemos toda la verdad? Está en nosotros no dejarnos manipular y ser críticos con la información que nos llega. Una sociedad que quiere prosperar, avanzar y mejorar, deber ser necesariamente, en mi opinión, una sociedad crítica. ¿Estamos dispuestos a serlo?
Muy deacuerdo contigo...seguire leyendo tus proximos articulos. Un abrazo grande
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