domingo, 30 de noviembre de 2014

El que no quiere ver



Lo primero y ante todo, me gustaría expresar mis condolencias y mi más sentido pésame a los familiares del fallecido hoy en Madrid en una reyerta entre seres, ni siquiera sé si se merecen la calificación de humanos, que se enfundan una camiseta de fútbol para esconder su miserable ideología y forma de vivir ya que, si no fuese por eso, estarían aislados. O, al menos, eso me gustaría creer. Mi más sentido pésame a los hijos del fallecido, de 4 y 19 años, que viven una situación dramática sin que ellos lo hayan buscado ni tengan responsabilidad alguna y que se han levantado un último día de noviembre con un cambio radical en su vida que tendrán que digerir tan pronto como puedan. Lamento una muerte humana y más por cómo se ha producido porque cada muerte violenta arranca de cuajo parte de nuestra alma como seres humanos. Tal vez por eso, cada vez nos queda menos alma y reaccionamos con más frialdad.

Pero no nos engañemos, esto no es un problema del Atlético de Madrid o del Deportivo de la Coruña. Esto es un problema social, de todos, que no se quiere reconocer porque afecta al ámbito que, probablemente, más gente mueve en nuestro país. Un ámbito que mueve pasiones y al que no se le han puesto cortafuegos ni límites. Todos somos responsables, pero no hay más ciego que el que no quiere ver.

El fútbol nada tiene que ver. Es una cuestión de educación en el respeto y en la convivencia. Porque estos seres (tras dos párrafos he decidido que me niego a darles el calificativo de humanos) son parte de nuestra sociedad y campan a sus anchas sin que nada ni nadie les tosa. He oído y leído infinidad de cosas hoy en la radio y los periódicos. Una de las más repetidas es que estos seres aprovechan el anonimato de las masas que el fútbol proporciona. Pero yo me pregunto: ¿no hay nadie entre esas masas que les conozca? ¿Nadie que pueda avisar o denunciar? ¿Nadie que sepa quiénes son violentos y quiénes no? Y si lo saben, ¿por qué nadie hace nada? ¿Por qué nadie les denuncia?

Los dirigentes de los clubes dicen que no todos los aficionados que están insertos en este tipo de peñas son violentos. ¿Eso significa que saben quiénes sí lo son? ¿Y les siguen dando prebendas y acogiendo en sus estadios? Hubo un señor, criticable en muchísimas cosas, que sin embargo fue un ejemplo con esto y no mucha gente se lo ha valorado. Ese señor, de nombre Joan Laporta, decidió echar a los Boixos Nois de su estadio y dejar de concederles entradas, locales o viajes subvencionados. Hace no muchas fechas, Florentino Pérez hizo lo mismo con los Ultras Sur, después de pedir ayuda y colaborar con la Policía, permitiéndoles infiltrar a agentes en sus filas. Dijeron basta. ¿Cuántas cosas más tienen que ocurrir para que digamos “basta” los demás?

Dicen que quedaron para darse a través de las redes sociales. ¿Nadie lo ha visto? ¿Nadie ha leído nada al respecto? Por lo visto, la gente sí que lo ve, incluidos algunos periodistas. ¿Cuántos lo han denunciado? Silencio. Acabo de ver el vídeo de cómo tiran al fallecido al río, probablemente inconsciente. Se me encoge el alma.

Pero lo de hoy, en mi humilde opinión, no es responsabilidad única de los que se han dado hoy en Madrid Río. Son los culpables directos. Pero responsables, ya lo dije antes, somos todos. Somos responsables desde que entramos a un estadio y llamamos “hijo de puta” al árbitro o nos “cagamos en los putos muertos” de algún jugador contrario. Somos responsables cuando estos grupos de bárbaros cantan “Messi muérete”, “ese portugués qué hijo de puta es”, “españoles hijos de puta”, “puta Barça, puta Cataluña” o cogen a un jugador negro y empiezan a imitar a un mono y el resto miramos sin reaccionar o, incluso, aplaudimos sus ocurrencias. Partido tras partido, esto se escucha en los campos de toda España y parece que es lo normal.

¿Qué esperamos de una sociedad donde ves a padres y madres insultar al árbitro o meterse con niños de 8 años que sólo juegan para divertirse? ¿A nadie más le resulta asqueroso y demencial?

No hay más ciego que el que no quiere ver, decía, y parece ser que no queremos ver que todo esto NO ES LO NORMAL. Y hasta que no queramos verlo y reaccionar como sociedad, desaconsejo seriamente acercarse a los entornos de los campos de fútbol los días de partido. Hasta que estos seres no se vean acorralados y tengan miedo (porque el miedo tiene que cambiar de lado), tenemos que celebrar cada semana que no haya ningún muerto.

Lamento una muerte humana, aunque parece ser que el fallecido sabía dónde iba y, supongo, por tanto, que sabía a qué posibles consecuencias se exponía. Lo lamento como un fracaso de esta sociedad que no quiere ver según qué cosas. Toda crisis ayuda a abrir los ojos. Ahora miramos con lupa lo que hacen nuestros políticos, tenemos voluntad de hacer algo (aunque estemos casi maniatados), nos duele, nos cabrea. Lo mismo pasaba con estos seres. Estábamos dormidos. Sólo espero que la muerte de este hombre nos despierte. Que esto nos duela hasta el punto de reaccionar y plantar cara a todas las injusticias que nos hacen peores a todos.

Lamento si alguien se siente ofendido con mis palabras, pero tal vez así tu cabreo ayude a que seamos mejores. Como sociedad y como individuos. El cambio empieza en uno mismo.

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