martes, 11 de diciembre de 2012

Years go, days pass (by Electric Nana)

Esta entrada es una cita, un pequeño altavoz de algo que escribio alguien a quien podría llamar amiga, sin nisiquiera tener el placer y la fortuna de conocerla. Tal vez muchos conozcáis a Electric Nana por sus canciones. No es para menos. Tiene una voz increíble y un gusto exquisito a la hora de cantar. Pero no es eso lo que me ha hecho citarla en este blog, sino una reflexión sobre nuestro presente que hizo en su blog, en mi opinión, al más puro estilo Pérez Reverte. Sé que no significará mucho para ella, pero desde aquí mi enhorabuena por tan brillante reflexión. Disfrutadla.


"years go, days pass

Sí, lo confieso: veo y leo todas las historias de brujos, magos, hombres lobo y seres sobrenaturales que pasan por mis manos. La magia, la fantasía y lo imposible son a veces lo único que tiene sentido para mí, pero más allá de buscar otro mundo en el cual olvidarme de este, encuentro una forma diferente de conocer este.

Os parecerá una tontería, pero siempre he utilizado este tipo de personajes fantásticos como alegorías, como figuras estéticas de un concepto más oscuro, concreto y difícil de atrapar.

Por ejemplo, cuando pienso en vampiros... pienso en países. Soy muy mala estudiante, no soy nada constante y básicamente tengo la peor memoria del mundo, y lo único que me ayudaba a memorizar era no hacerlo: es decir, utilizaba mi estúpidamente exagerada imaginación para colocar todos esos datos que me parecían absurdos en un paisaje conceptual que los convertía en interesantes. Así que los países eran personas, con nombres un tanto extraños :P

España, Francia, Alemania, Inglaterra... eran hombres, mujeres, tenían una personalidad única, que se iba marcando a lo largo del tiempo. Tenían vidas eternas, y se alimentaban de la sangre de miles de personas, sin importar su posición, nombre o talento. Y lo único capaz de explicar un suceso, de justificarlo o condenarlo era el tiempo, la perspectiva. Es decir: su moralidad se desprende de la utilidad que tuvieron sus actos, de lo que sacaron de ello, no del motivo que les empujó a realizarlos. Quién piensa así? Pues un vampiro.

No entienden de la pasión instantánea del ser humano, ni de sus pequeñas ambiciones, y sobrevivirán todas y cada una de nuestras penas... pero eso no les convierte en seres independientes. El pueblo diseña su dolor, manufactura su orgullo e inflige su humillación. Ellos son personaje, portada de libro, palabra que se masculla, se borda, se saborea o se escupe.

España por ejemplo, se me antoja un hombre que ronda los 40. Es... un Hemingway desmesurado, vanidoso en el honor, caprichoso en sus vicios, exigente en la cama e imposible con la pluma. Un hombre que no es capaz de expresar su tortura interna, y la disfraza de desdén. Un hombre inteligente que no entiende como los demás no lo son y camina por la vida queriendo morir por ella. Es... un Alatriste que no pudo morir según sus deseos de guerra y necesidades de honor. Un hombre que no cree en nada que no haya podido ver, amar, comer o matar. Un hombre que sedujo a Francia porque se aburría, y desde entonces... ya no se llevan del todo bien.

Y este hombre, que está fumando en su ático con vistas al Retiro, se sirve su séptima copa de bourbon del día mientras deja escapar un ligero suspiro de frustración. Sabe que no puede hacer nada. No puede inmiscuirse en los asuntos de los humanos, pero esto empieza a ser demasiado. Eso que ellos llaman "democracia" con la voz teñida de orgullo y desesperación en igual medida le hacía reír. ¿Democracia? Eso no existe. Y si existe, no iban a ser ellos, tan pequeños en sus miras, capaces de crearla y mantenerla con vida. Ese Frankenstein enfermizo y colérico que se arrastra por los pasillos de la demencia, que quisieron apellidar "la voz el pueblo" está más sordo que una tapia, y de llegar a escuchar algo, no sería capaz de entenderlo.

El panorama racional pasó de ser un anciano gris y decrépito a un adolescente con problemas de autoestima. Joven, estúpido, con posibilidades sí, pero terriblemente agotador, con un sentido del humor absurdo y una tendencia a la autodestrucción. Un chico de 17 años inseguro, que ve demasiado porno, y ya por eso piensa que sabe cómo se hace bien el amor. Y España, un pueblo con demasiada historia pisándole los talones, nuestro Hemingway cansado, le mira con profunda estupefacción y piensa: cómo coño me ha podido salir un hijo así de tonto...! Con la de libros que he leído!

Se frota los ojos, coge la copa y se tira en el sofá delante de la chimenea. Y, mirando cómo las llamas rompen en caprichosas chispas piensa que, con todo, las cosas podían haber salido mucho peor. Y después de todo lo que había visto... esto que la gente se empeña en llamar crisis le parecen coquetas cosquillas del Destino, que de vez en cuando le presta alguna que otra visita. Y sí, también se la tira. Que queréis! Es Hemingway! Y es que nosotros somos un poco así, jodiendo al destino como si fuera amor, cuando en realidad es la ambición de la conquista, la pasión por lo que no tenemos... aún!

Y en la oscuridad de un domingo por la tarde en mi piso, levanto mi taza de té manchado de bourbon y brindo por lo que no entiendo. Brindo por todas las cosas que jamás llegaré a hacer ni comprender, por los libros que no leeré, por los países que no visitaré, por las personas que no conoceré, por los hombres que no amaré. Brindo por todo lo que no podrá ser, porque es justamente eso, la exasperante limitación, lo que me hace humana, lo que me hace gritar, amar, llorar, reír, comer, beber, fumar y hacer la croqueta como si cada día fuera el último. Y eso, amigo mío, me hace inmensamente feliz."

Os dejo también el enlace a su canal de YouTube.

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